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jueves, 27 de noviembre de 2008

Juventud Caníbal

Ya hace un tiempo colgué un post dedicado a dos libros de un mismo autor que me habían gustado mucho: No tengo miedo y Como Dios manda. El autor de los mismos era Niccolò Ammaniti, joven autor italiano englobado en la nueva generación de escritores de aquel país a los que la crítica etiqueta como “I Cannibali (Los caníbales)”. Pues bien, durante estos días me he leído la recopilación de relatos que dio nombre a este colectivo “Juventud caníbal: Una antología del terror extremo”, en la cual se recogen diez cuentos escritos por otros tantos jóvenes escritores italianos, entre los cuales se incluye el mencionado Ammanitti. De hecho, he de reconocer que de todos estos creadores de historias, además de a este último, tan sólo conocía a Aldo Nove, del cual llevo tiempo queriendo leerme alguna cosita.
Se trata de un conjunto muy heterogéneo en el que caben desde jóvenes escritores noveles, otros con obra publicada, e incluso algunos premiados fabuladores de historias como Andrea G. Pinketts, tres veces galardonado con el premio Mystfest al mejor relato. También aparecen realizadores de televisión metidos a las letras, humoristas, periodistas o biólogos.

“Las páginas gritan sangre, la violencia explota con frialdad de laboratorio: más que escritores, nos encontramos ante científicos del horror y la frialdad. Aventurándose en la pesadilla, se sirven de la ironía como último refugio frente a la locura.” De esta forma se nos anuncia en la contraportada lo que vamos a encontrar en las páginas del libro, que, publicado originalmente en Italia por Einaudi hace trece años, supuso una auténtica conmoción en el panorama literario trasalpino.

Visto en perspectiva, podemos apreciar que la característica que comparten todos estos relatos, más que el canibalismo literario o la juventud de sus autores (puesto que hay autores de 26 años junto con autores de 40 y pico), es la utilización de un estilo directo que reconvierte el lenguaje escueto de la publicidad y del mundo audiovisual para narrar historias truculentas sin tapujos. Lo de englobarlos a todos dentro de una misma corriente ya es más discutible, puesto que los caníbales son demasiado distintos por edad y contenidos como para constituir una generación o un movimiento.

Juventud Caníbal se estructura en tres partes. En la primera, titulada “Atrocidades diarias”, destacan sobremanera tanto el primer relato, “Nochecita” de Niccolò Ammaniti y Luisa Brancaccio como “El mundo del amor” de Aldo Nove o “Y Roma llora” de Alda Teodorani. El de Ammaniti y Brancaccio, desde mi punto de vista el mejor de toda la recopilación, es un brillante relato que nos habla de la noche loca de un niño pijo. Una especie de Jo que noche de Scorsese (After hours, 1984)… versión salvaje. El relato de Aldo Nove es una rallada en la que dos hinchas embrutecidos mueren enlazados en una especie de sesenta y nueve hiperrealista y lésbico tras castrarse por simple aburrimiento, porque es domingo, no saben qué hacer y no tienen dinero para comprar un vídeo pornográfico pasable; mientras que el de Alda Teodorani es una elaborada historia de un eliminador de vagabundos a sueldo. La segunda parte del libro, “Adolescencia feroz”, es quizás la más floja de las tres, a pesar de lo cual recoge el interesante relato “Cosas que yo no se” de Matteo Galiazzo, en el cual una chica escribe una carta a un psicópata encerrado por diversos asesinatos y al que ella y su novio consideran una especie de profeta de su religión (Santa Sangre que diría Jodorowsky). Este relato fue calificado de “ingenioso ensayo de subcultura teológica” siendo especialmente alabado por la crítica. La última de las tres partes incluye los dos relatos más extensos de toda la colección, el interesantísimo “El ruido” de Stefano Massaron y el que cierra la colección “Día de paga en la calle Ferretto” de Paolo Caredda. El primero es la historia de un trauma infantil, de cómo unos caprichosos niños fueron los responsables del suicidio de una infeliz niña gorda y de como eso le pasa factura a uno de ellos décadas después, toda vez que el de Caredda es una historia de venganza, narrada en primera persona por un profesional del sector, cuyo trabajo consiste en dar satisfacción a los agraviados con ansias de resarcimiento.

El paso del tiempo no le ha restado un atisbo de frescura a esta salvaje recopilación en la que, tomando palabras de Aldo Nove, "lo que he pretendido es presentar una imagen horrorosa de algo que a mí me da miedo y que, en cambio, se vive como normal en ciertas conductas de masas, en ciertas noticias periodísticas y en ciertos programas televisivos".

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