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sábado, 4 de abril de 2009

Los detectives salvajes

La figura de Roberto Bolaño (Santiago de Chile 1953 – Barcelona 2003) está en pleno proceso de reivindicación. Sobretodo a raíz del increíble éxito que dos de sus obras, 2666 y Los detectives salvajes, han alcanzado durante los últimos años en los EEUU. Lástima que el escritor chileno no viviera lo suficiente para poder verlo, ya que falleció en Barcelona el 14 de julio de 2003 víctima de una cirrosis hepática, cuando tan sólo contaba con 50 años.

Voy a hablar precisamente de una de las novelas que he mencionado, Los detectives salvajes, un ejercicio semi - autobiográfico de Bolaño que es, para muchos, su obra más importante, además de ser el último libro que he leído. No es biográfica del todo porque, como indicaba el poeta chileno afincado en Barcelona Bruno Montané Krebs, en una reciente entrevista concedida a El País, “en la obra de Roberto no habrá más de un 30% de material real, el resto es pura invención, conviene tenerlo en cuenta”. Y eso que Montané, muy amigo de Bolaño, es uno de los personajes que aparecen en la novela: el poeta chileno Felipe Müller.

Sin embargo, entendido en un sentido estrictamente literario, nada es real en la novela por expresa voluntad de su autor. Vale que Arturo Belano, uno de los protagonistas, es el alter ego de Bolaño, como Ulises Lima, el otro protagonista, el otro detective salvaje, no es sino el fantasma del poeta mexicano Mario Santiago Papasquiaro, siendo ambos los cofundadores del movimiento poético infrarealista que se opuso radicalmente a los poderes dominantes en la poesía mexicana con Octavio Paz a la cabeza. El movimiento infrarrealista que tuvo como guías la ruptura con lo oficial y el establecerse como vanguardia, tiene como trasunto literario al realvisceralismo, presente hasta en la sopa en la novela y que, al igual que ocurrió en la realidad, pasó con más pena que gloria por el panorama literario latinoamericano.

Los detectives salvajes narra la historia de una búsqueda, la de Cesárea Tinarejo, fundadora del movimiento realvisceralista durante los años 20. Ésta es emprendida por dos jóvenes poetas Ulises Lima y Arturo Belano, que al poco de salir tras las huellas de la poetisa mexicana, van a desaparecer de la faz de la tierra. Y es ahí donde el lector debe de emprender una segunda búsqueda, a través de las pistas que Bolaño nos da en la parte central de la novela, la de los propios Lima y Belano: ¿qué fue de ellos? ¿qué encontraron? ¿porqué huyeron? ¿hacia donde y con que fin?

Este cuerpo central de la narración viene conformado por un sin número de entrevistas a personajes que conocieron o coincidieron con Lima y/o Belano en su viaje de huida hacía no se sabe bien donde. Es en este punto donde se dan cita, entre otros, un abogado gallego enamorado de la poesía, un estudiante judío - mexicano que cursa estudios en Tel Aviv, una ciclada camarera catalana con no muchas luces, un neonazi austriaco borderline, un viejo torero retirado en los desiertos de Sonora, un fotógrafo argentino destinado en el África subsahariana o un arquitecto arruinado encerrado en un psiquiátrico de la capital federal.
Además, la narración se desarrolla en diferentes escenarios dispuestos a lo largo y ancho del mundo, desde el México de los años inmediatamente posteriores a la Revolución, hasta la Nicaragua sandinista, la frontera norteamericana, el París de los poetas y el de los suburbios, la comunidad chilena de Barcelona, Viena, Israel e incluso África, eso sí, siempre al compás de los detectives salvajes.

Resaltar que tanto al final como al principio de la novela, la narración se realiza en forma de diario, el del poeta Juan García Madero, un joven realvisceralista que acompaña a Lima y Belano al inicio de su peculiar empresa y que, a modo de curiosidad, pasa gran parte de su tiempo follando con todo bicho viviente. Con todo, tratándose del tercer protagonista de la historia, este personaje desaparece por completo de la parte intermedia de la narración, hasta el punto de que, al final de la misma, se le llegará a formular a uno de los entrevistados si le conocen, con resultado negativo.

¿Quién era Cesárea Tinajero? ¿dónde fue a parar la voz de García Madero? ¿qué encontraron Belano y Lima en el desierto de Sonora para emprender una huida hacia ninguna parte, para convertirse en exiliados de sí mismos? Muchas cuestiones que se resolverán, o no, en las poco más de 600 páginas que conforman esté maravilloso libro que fue ganador del Premio Herralde de novela 1998 y del Rómulo Gallegos del mismo año. Una lectura fundamental.

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